A lo largo del recorrido, el autor se adentra en pueblos que beben del río y que lo celebran en sus plazas, en sus puentes y en sus antiguas murallas. Desde las villas que nacieron al amparo del Alagón hasta las que asoman al poderoso Tajo, cada población aporta una historia, una voz, una huella, que se suma al poema del camino.