Son hombres nacidos entre 1915 y 1921, cuando España aún era un país rural, con caminos de tierra y jornadas interminables en el campo. Hoy, más de un siglo después, sus nombres siguen presentes como ejemplo de resistencia, memoria y vínculo con la tierra que los vio nacer.
A pesar de encontrarse en proceso de recuperación de un contratiempo de salud leve, Victoriana mantiene un espíritu fuerte y optimista, reflejo de una vida marcada por la fortaleza, la serenidad y el apego a su tierra.
El alcalde, como viene haciéndose con otros ciudadanos que alcanzan esta edad, le ha entregado el escudo de oro de la ciudad de Mérida.