«El valor de una escritora reside en sus textos y no en su edad, cuerpo, o vestimenta». La frase es de Mónica Rouanet, escritora alicantina afincada en Madrid que presentó hace unos días en el Festival Gata Negra de Moraleja (Cáceres) su última novela, «Nada importante». No fue la única mujer que disfrutó de uno de los mejores festivales de literatura negra que se celebran en nuestro país a pesar de haber nacido hace tan solo un año de la mano y la mente de ingenioso Luis Roso, que parió este certamen, entonces imposible, y hoy revolucionario de editoriales y escritores.

¿Qué hacen seis escritoras de novela negra en toples en Moraleja? La idea se le ocurrió a Beatriz Osés, escritora de literatura infantil y juvenil que divirtió al público con sus «Bosques de letras» en este peculiar festival literario rural que ha desplazado a empujones a certámenes plenamente consolidados del panorama nacional. Su idea encajó y todas la secundaron de inmediato; les pareció una idea magnífica.

«Hay gente que no se da cuenta, pero cuando estás dentro, a las escritoras se nos valora por cómo somos por fuera, antes de leernos. En realidad, hay estudios que determinan que leemos más las mujeres que los hombres y que a las mujeres no nos importa el género de la persona que ha escrito el libro. Leemos igual hombres que mujeres; en cambio, los hombres leen más a los hombres que a las mujeres, no sé porqué», razona Mónica Rouanet.

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La alicantina está convencida de que cuando una mujer triunfa en el mundo de la literatura suele escuchar una frase que se confunde con un piropo: «Parece que lo ha escrito un hombre”. Y continúa: «Eso para ellos es como si te estuvieran diciendo el mayor piropo, y te cataloga por la edad que tienes, por cómo eres físicamente, qué cuerpo tienes, cómo vistes…»

Por eso Carmen Clara Balmaseda, Marta Prieto, Mónica Rouanet, Beatriz Osés, Elia Barceló y May R. Ayamonte -de izquierda a derecha- se deshicieron de sus prendas y protagonizaron el toples de Gata Negra. ¡Claro que no fue por el calor, que lo hacía, y mucho! Querían reivindicar que son escritoras y que lo que vale de ellas son sus textos.

«La edad que tengamos, los kilos que pesemos, la ropa que llevemos, el tipo de cuerpo, el pelo… en el mundo literario no importa; queremos que se nos valore por nuestros escritos, no por cómo somos por fuera».

Y así fue como se despojaron de cualquier atuendo que cubrisese la parte superior de su cuerpo y protagonizaron la mejor fotografía del festival literario que ya se conoce en toda España. Únicamente cubiertas por sus manos y sus libros: La crisálida, La Ilustrísima, Nada importante, Albert Zimmer, Muerte en Santa Rita y Las niñas salvajes. Todo sin un guión previo, pura improvisación sentadas frente a la mesa de un hotel.

Luis Roso, comisario del festival, descubrió la instantánea en directo, cuando las seis escritoras protagonizaban tan particular toples, «imagen reivindicativa de la literatura femenina». Fue una mañana de sábado pero podía haber sido cualquier otro día. Y fue algo tan improvisado como original. Porque la  literatura no tiene género y la buena literatura tampoco.

Las seis escritoras acordaron subir la imagen a las redes sociales a la misma hora. Fueron muchas imágenes, todas parecidas pero ninguna igual a la otra. Como dice Mónica Rouanet, quien lo quiera entender que lo entienda.