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Aunque pensábamos que éramos dueños de nuestra memoria y de nuestros impulsos, vemos que las bacterias de nuestro intestino modulan de manera considerable cómo funciona nuestro cerebro

Los planes de salud mental van dirigidos a los humanos, compuesto indivisible de ambiente, cuerpo, cerebro y los microbios que habitan dentro y fuera de nuestro cuerpo.

Si la enfermedad mental la produce la sociedad, con tanto interés,  necesitaríamos a sus ingenieros sociales muy armados de ideología. Pero el nivel de la ciencia de estos tres campos no soporta esa visión de procedencia ideológica.  Somos biología, psicología individual y social. La propuesta de ley ridiculiza en algunos momentos lo biológico, porque para ellos la salud mental es de naturaleza socioeconómica y debe ser regulada por el Estado. Por tanto, es este el que debe de dictar las normas y costumbres para ser sanos mentalmente.

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Un disparate unido a otros como poder hacer barricadas e incendiar en las manifestaciones y que se pueda grabar a los servidores del orden. En fin, como aquello de “por el Imperio hacia Dios o esto más reciente de “conquistar los cielos”, la prepotencia siempre se expresa de forma parecida: a través de las dictaduras.

En lo que atañe a dicha ley, no se recoge el saber de la comunidad científica, médica y psiquiátrica, obviándose todas las guías de la práctica médica, mecanismos internacionales y fruto de consenso entre los diversos científicos mundiales. Son ellos, los políticos los que deben dictar quienes deben ser tratados y cómo. Es una lástima que no se mencione ni una sola vez al cerebro, la neurociencia o la investigación. Otro disparate, ya que quieren limitar el permiso de circulación a los viejos y a la vez quieren que España sea el paraíso de los jubilados de Europa. Otro día tocaré este tema.

No se alude al consumo de sustancias sin considerar el enorme peso que tiene tanto en el desarrollo de todo tipo de enfermedades, como en la mortalidad precoz, la resistencia a los tratamientos y la cronicidad y los accidentes de tráfico de este origen. Asimismo, quieren limitar el permiso de circulación a los viejos y a la vez quieren que España sea el paraíso de los jubilados de Europa. Otro día tocaré este tema.

Todo el plan debe estudiar y contemplar lo que es un ser humano, debiendo saber qué cosas desde el cuerpo van a mejorar o empeorar lo mental, y qué se entiende desde la ciencia, ya que lo mental es un componente del propio cuerpo. Así que hemos de incluir el cuerpo y diseñar dicho plan desde la medicina, la biología, la neurociencia, así como desde las humanidades.

Si empezamos por lo mental, hemos de manifestar que nuestro cerebro es el resultado de la acumulación de funciones, anatomías y soluciones ensayadas con éxito en otras especies con cráneo, además de los procesos que se originaron desde las múltiples especies de homínidos.

El cerebro es solo una parte del sistema nervioso, que a su vez es solo una parte del cuerpo. Dicho cuerpo, además, se enmarca en un contexto social, genético y epigenético. Y todo ello afecta decisivamente al desarrollo y la historia vital del individuo, pero no como se interpreta desde ideologías mesiánicas. No se puede dividir en partes. Ese es el reto.

Nos separa de casi todos los animales la larga crianza en familia, donde llegamos con solo el 30% del cerebro funcionando. Prácticamente con el tronco cerebral, que va a influir mediante sus señales y mensajes químicos y neuromoduladores en el desarrollo del resto de los componentes. Todo esto depende de los primeros años el terminar el ensamblaje, las conexiones, anatomía y operatividad de este, siendo esta circunstancia la causa principal de muchas disfunciones graves de la mente o de su salud. Porque será un periodo de introyecciones y de identificaciones con sus cuidadores. Es más, durante el segundo trimestre del embarazo, estamos en un momento decisivo en el desarrollo del sistema nervioso. ¿Según los planes de salud mental, van a ayudar a las embarazadas, a las parejas, de alguna manera?

Hemos de entender la enorme precariedad en que nacemos y la absoluta dependencia del amor de los padres para completar el ensamblaje de nuestra anatomía cerebral.  Eso se logra mediante la dedicación emocional sin fisuras de los padres. Luego, el resto de la vida, serán pequeños cambios. Nunca la estructura emocional del niño y el adolescente que fuimos va a dejar de funcionar y dirigir cuando entremos en crisis puesto que nuestra mente asimila, crea e identifica con modelos, pautas, percepciones fijadas desde esos periodos fundacionales, algo que se queda vigente para siempre. Por otro lado, vemos como los niños maltratados viven menos, porque esta circunstancia les ha acortado los telómeros. Podemos entender por qué las personas que se están demenciando vuelven a ser como niños: porque las vivencias, las experiencias, crean unos cimientos sobre los que se construye la adultez que, al ser evolutivamente reciente, se pierden con más facilidad. Sin embargo, en la demencia avanzada, se ha perdido casi todo lo que se construyó más allá de la adolescencia. Pueden expresarse como si estuvieran en su infancia, nombrar a alguien de la familia como si fuera su madre.

Entender cómo se ha ensamblado nuestro cerebro es previo a cualquier consideración sobre lo humano si el 70% de lo que somos se ha construido durante la infancia, amén de los factores genéticos que van a modelar nuestro carácter e imprimir potenciales de salud y enfermedad. Por ello, sobran todas las teorías que quieren demostrar que es la vida social la que conduce nuestro mundo emocional y que la misma nos hurta la salud mental. Ya se puso en marcha en Italia esa teoría hace cincuenta años y se soltaron a los enfermos recluidos en manicomios: fue un desastre para ellos y no se demostró nada de lo que se pretendía.

La sociedad en sí puede desestabilizar nuestras estructuras mentales, pero no las crea. Dependemos de nuestra herencia genética y de la interpretación que puede darse de la misma desde lo que englobamos como epigenética –en especial, la metilación del ADN–. Se sigue investigando las interacciones entre genes y ambiente, que pueden ser decisivas en salud y desarrollo mental. Pero que no nos pontifiquen sobre el ambiente como causa de nuestros males, rompiendo ese trio de cuerpo, cerebro y ambiente. En las dictaduras, se destruye todo lo que estorba, sean los parlamentos o la religión. Es desde el mundo emocional, que es casi todo lo que somos,  desde el que perdemos la llamada salud mental, pues la razón, la conciencia son minoría ante el apabullante contenido de nuestro cerebro límbico, tronco cerebral,  cerebelo y del resto del cuerpo sedes del mundo emocional. Pura biología, anatomía y psicología: unidad incomprensible por separado.

Mundo frágil, fácilmente alterable en personas que no han tenido suficiente asistencia y presencia emocional en la familia o durante una adolescencia que ha cuestionado, desbaratado y erosionado lo que aportaron los padres. Frágil porque nuestro cerebro sigue plástico, preparado para el cambio permanente, produciendo neuronas nuevas para almacenar conocimiento y saberes para poder adaptarse, pero que necesita protección. El ambiente enrarecido que nos acompaña en la actualidad nos desestabiliza y no nos sentimos protegidos en muchos aspectos.

Por tanto, ¿qué vamos a hacer para proteger, informar y ayudar a los padres desde la pediatría, desde la psicología individual, de pareja y familiar? Afianzar nuestra unidad inseparable: cuerpo, mente y ambiente.


Fuente original: Proa Comunicación


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