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No sé si lo del acuerdo marco del transporte sanitario terrestre se asemeja más al timo del tocomocho o al de la estampita, pero no cabe duda de que es un engaño. Esa idea de Vara de rodearse de apoyos a la hora de presentar asuntos trascendentales no es nueva. Ya lo hizo, recuerden, en septiembre de 2015, con aquella comisión de expertos en publicidad institucional (¿?), un grupo de periodistas del que no hemos vuelto a saber, que se iba a encargar de definir los “criterios objetivos, equitativos y transparentes” de la publicidad que se paga con el dinero de todos. Apenas 9 meses después un decreto fulminó al comité de expertos al otorgar todos los poderes a la Comisión de Publicidad y Comunicación Institucional, donde ya no había periodistas, sino políticos y funcionarios.

Lo del acuerdo marco suscrito con patronal y sindicatos para la gestión del transporte sanitario terrestre es algo parecido: una convocatoria institucional bajo el pretexto de suscribir un acuerdo marco para la normalización del servicio de las ambulancias en la que estaban de convidados de piedra patronal y sindicatos. No se suscribió el acuerdo con los presidentes de las mancomunidades de municipios de Extremadura ni con la Federación Extremeña de Municipios y Provincias, no. Ya que Vara ha dejado de viajar, sus representantes al menos habrían proporcionado información y conocimientos sobre la realidad social de la región. Pero no se trataba de eso, sino de meter la tijera a un servicio sanitario esencial con la complicidad de patronal y sindicatos.

Ahora resulta que el pliego de prescripciones técnicas para la gestión del servicio de las ambulancias, ese que nos han vendido como esencial para incluirlo en el marco del diálogo social, tiene letra pequeña. Las zonas rurales se quedan sin ambulancias del soporte vital básico, esas que se desplazan a la práctica totalidad de los accidentes de tráfico y siniestros que se producen a lo largo y ancho de nuestra extensa geografía regional. Algo mal debe haberse hecho para que numerosos alcaldes de distintas ideologías hayan pedido explicaciones y la nulidad de un pliego que promete superar la chapuza del anterior.

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Estos asesores de la Plaza del Rastro desconciertan. En lugar de buscar soluciones a los ciudadanos se pasan la jornada laboral inventando tonterías. Luego oímos frases como que el acuerdo marco da un “enfoque multidisciplinar al transporte sanitario”, y “fija un escenario de paz social para los trabajadores”. O que “este tipo de acuerdos refuerzan el valor democrático del diálogo social”. ¿Pero qué leñes pintan patronal y sindicatos suscribiendo con la Junta un acuerdo marco para el diálogo social sobre la gestión del servicio de ambulancias? Sólo una cosa: blindar a Vara ante las críticas que tenían la certeza se iban a producir.

Con apenas 1.089.000 habitantes y 380 municipios, el 78% de los habitantes de Extremadura reside en las 15 principales localidades de más de 9.800 habitantes. El 22% restante se encuentra disperso en numerosos municipios pequeños y 24 comarcas rurales dejadas de la mano de Dios. Toda Extremadura es rural, pero hay una parte que es aún más rural que la otra. Esa Extremadura, en la que se han suspendido todo tipo de eventos por la pandemia, ha asistido atónita a la celebración, entre otros, del Festival de Teatro Clásico de Mérida. Es la Extremadura en la que aún hay varios hospitales esperando la UCI que les prometieron. Es la Extremadura olvidada, la que ahora se queda sin ambulancias y mañana Dios dirá.


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