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(Hacia una ecología de la atención)

¿Qué clase de vida nos espera con un Muro? Toda la población de Navalmoral de la Mata (18.000 habitantes) y comarcas vecinas (50.000 habitantes) rechazan el proyecto de Adif del tren de velocidad alta en superficie a su paso por la ciudad. Lo han apoyado todo tipo de instituciones locales, provinciales y regionales, todos los grupos políticos del Ayuntamiento moralo han firmado un “manifiesto político” para ello y recientemente la alcaldesa Raquel Medina se ha vuelto a reunir con la directora de Adif. ¿Con qué objetivo? Para que la única alternativa que puede generar una ciudad del cambio, la del soterramiento urbano sea estudiada tanto desde el punto de vista económico como técnico. ¿La respuesta? Adif ha respondido negativamente; de rechazo sin haber realizado el estudio de la viabilidad en una petición a la cual se acompañaba un exhaustivo informe justificativo. ¿Por qué esa actitud desproporcionada y no democrática?

“Los peatones por arriba y el tren por abajo”, es el eslogan que une a toda la ciudadanía en una demanda argumentada, estudiada e imprescindible para un futuro que no cercene la ciudad. Soterrar no es un capricho o una ocurrencia en ese caso. El proyecto actual en superficie prevé invertir cerca de 100 millones de euros para poder solventar el paso tan angosto del tren por la ciudad y poder cumplir con las normativas de ordenación urbana y de accesibilidad tanto estatales como regionales (ley del suelo extremeña, normas técnicas y reglamento de accesibilidad). ¿Estamos dispuestos a invertir esa importante inversión de dinero a fin de destruir una ciudad? ¿Podemos permitir tal sinsentido? Ni siquiera en nombre de los plazos, en una línea que se denomina Madrid/Badajoz, es razonable que nadie asuma que cuando por fin llega el tren, sirva para impedir el desarrollo sostenible de una de las ciudades mas importantes de Extremadura.

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La agenda urbana española (realizada por el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana para llevarla a cabo hasta el 2030) marca una estrategia y acciones con relación a las nuevas infraestructuras a fin de que las inversiones (léase también fondos de recuperación) sirvan para mejorar los pueblos y ciudades en sus ámbitos de convivencia, acogimiento y salud.  En el caso del ferrocarril, el tren de velocidad alta se trata como eje vertebrador de la movilidad y por tanto no puede, no debe, para conseguirlo, arruinar a una ciudad.

El tren debe favorecer la sostenibilidad urbana, es decir permitir que a su paso por la ciudad los desplazamientos se hagan de manera fluida y sin barreras, permitir recorridos que sirvan para relacionar a sus habitantes, que no provoquen disrupciones en sus servicios esenciales. En el caso concreto de Navalmoral de la Mata, ni túneles para peatones, ni para vehículos cumplen con las distintas normas y legislación vigente que busca, en cada nueva inversión, una ciudad amable, acogedora y saludable.

Si la agenda urbana española exige que el ferrocarril se adapte a las necesidades del futuro, todo muro que se construya impedirá todo tipo de movilidad eficiente. Por ejemplo, con el proyecto actual de Adif, todo el tráfico que llega a Navalmoral de la Mata se reconduce y focaliza en un solo punto delante de la propia estación que enlaza con el propio de la estación de autobuses anexa, todo lo cual originaría un caos circulatorio dado que en las horas punta la ciudad recibe 1.500 vehículos, más de 16.000 diarios que provienen de las comarcas vecinas, al ser una ciudad de servicios y comercial. Además, para conseguirlo haría desaparecer parte del actual parque municipal, jardín histórico diseñado hace mas de 75 años, espacio de conexión amable de la intermodalidad tren-autobús.

Si la agenda urbana afronta una nueva ciudad para impulsar el desarrollo sostenible urbano, es para replantearse los espacios verdes, los recorridos peatonales y ciclistas de una manera más integral, segura y saludable; de fomento de un tráfico rodado fácil para abastecer comercios y negocios, pero disuasorio para una circulación habitual. Por tanto, invertir en la construcción de varios túneles, con rampas de 225 metros de recorrido y con un itinerario   alternativo fuera del túnel de 500 metros es un despilfarro y un despropósito. ¿De verdad es defendible un muro que no diseña lo peatonal y ciclista, sino que lo obstaculiza para siempre?

Para que la línea Madrid-Badajoz contribuya al desarrollo regional tan demandado, en todo su recorrido debe crear una nueva tranquilidad urbana para las ciudades que atraviesa. Un tramo de 6,7 Km como el que estamos tratando aquí (de los cuales 1,5 km irán soterrados), del total de la línea completa no va a entorpecer la realización del resto; no va a comprometer la puesta en funcionamiento del tramo extremeño, dado que la extensión de Navalmoral de la Mata hacia Toledo todavía no tiene redactado el proyecto definitivo. Es cierto que tanto Medio Ambiente como Confederación Hidrográfica del Tajo tienen que intervenir de nuevo para autorizar esa modificación puntual soterrada y por tanto modificará los plazos previstos. Pero en el trayecto total solo representa cinco minutos, dos años más de lo previsto. ¿Es esto un escándalo para no apoyar el soterramiento demandado?

La pandemia nos ha cambiado la vida, es cierto, por esto en cada nueva inversión importante debemos buscar nuevas adaptaciones que desde luego no se consiguen creando barreras, obstaculizando la movilidad de cercanía, generando inseguridades y puntos negros desde una perspectiva de género, edad y discapacidad. Un muro en las condiciones actuales urbanas de Navalmoral de la Mata, “guetifica” a más de 4.000 personas, y donde hasta ahora había una valla solo franqueable por dos puntos ahora se soluciona empeorando todas las interconexiones urbanas hacia la gran mayoría de equipamientos de la ciudad; colegios e instituto, cines, teatro, campos de deportes, cementerio, tanatorio, piscinas, comercios al por mayor y naves industriales. Se soluciona provocando la disolución, poco a poco, del entramado comercial y hostelero del interior de la ciudad.

Con un muro las probabilidades de que todo el comercio de proximidad desaparezca son altas. ¿Podemos permitir dilapidar una gran inversión a fin de construir algo irreversible? ¿Se lo puede permitir una región que siempre ha luchado para que el tren sirva de motor de desarrollo e interconexión? ¿Vamos a permitir que confinen a Navalmoral después de ya conocer en carne propia su significado?  Y confinar es dificultar la vida social y económica de la ciudad que es precisamente lo que originaria el paso del tren en superficie. ¿Acaso con un muro nos vamos a proteger mejor, después del ensayo general de la Covid, del cambio climático?

Un muro, el muro que lleva el proyecto actual de Adif para Navalmoral de la Mata, impide hablar, mirar y saludar, aunque le pinten de verde y con pajaritos, aunque sea de metacrilato. Favorecer la proximidad y la movilidad sostenible es el camino para conseguir ciudades mas humanas, no cercadas. No cabe un muro, como apunta la agenda urbana europea, española y extremeña, en una ciudad sosegada, amable y con menos estrés.

El soterramiento favorece la ciudad de proximidad, abre un futuro bulevar creando una permeabilidad total, de vehículos, personas, encuentros sociales, y dinamismo comercial que de verdad supondría un cambio de vida. Para esto deberíamos invertir, y todavía estamos a tiempo. La región lo necesita.


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