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Soterrar las vías del tren en Navalmoral no es un problema de falta de unión o consenso. Basta comprobar que, de todas las propuestas formuladas por este Partido en el Pleno Extraordinario celebrado el 25 de septiembre de 2020, solo una de ellas fue rechazada. Las diez restantes se aprobaron por mayoría y unanimidad. No, no es un problema de unión. Es un problema político que se llama PSOE.

Desde hace tiempo y por todos los tibios, se viene culpabilizando del problema al Administrador de Infraestructuras Ferroviarias, pero ocurre que ADIF es una entidad pública empresarial que depende del Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, tal y como consta en su página web. ADIF depende del Ministro del ramo, y éste no es sino José Luis Ábalos, a la sazón, socialista. En el Pleno de ayer, el portavoz socialista disculpaba a la alcaldesa y la exoneraba de toda responsabilidad, dando por hecho que no habrá ningún soterramiento y que el muro será una realidad; a la par que pedía no se politizara el asunto, porque, venía a decir, ‘nadie tiene culpa de todo esto’. A este Grupo ya no le sorprende que hablen por nuestra alcaldesa o que esté ausente en las Mesas de Trabajo del Tren al hacer coincidir su agenda con otros actos: así se evita tener que mirar a la cara a todas las personas y asociaciones a las que, simplemente, se les ha mentido. Porque sí, lo ha hecho el PSOE; y ha engañado a todos los moralos.

El 18 de septiembre de 2019, la Consejera de Movilidad, Transporte y Vivienda de la Junta de Extremadura, recordaba que fue el equipo de gobierno de nuestra alcaldesa quien propuso en 2017 dirigirse a ADIF para buscar una integración ‘más blanda’ del trazado ferroviario en superficie; extremo que es rigurosamente cierto, pero interesadamente olvidaba que el 14 de febrero de 2019 el Consistorio moralo aprobó una moción conjunta instando al Ministerio del Sr. Ábalos a posibilitar el tan ansiado soterramiento. Y desde febrero de 2019, este Ayuntamiento viene dirigiéndose al Sr. Ministro pero, como dice mi pequeño, ‘ni caso’. Tan alto magistrado nacional nos responde con el desdén olímpico de quien desprecia este pequeño lugar de Extremadura de cuyo nombre no quiere acordarse, aunque el pasado día 22 de abril parase para tomarse un café.

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De este desdén no tiene la culpa la alcaldesa, pero sí de encubrir a su partido por temor a que éste les retire las sillas que reparte. Y, es que, en sintonía con quien en verdad la tutela, la alcaldesa calificaba por escrito de ‘encuentro privado’ el que mantuvo ADIF el viernes 28 de junio de 2019 con ‘las partes interesadas’. Raquel entendía que se trataba de ‘acuerdos privados’ sobre los que el Ayuntamiento ‘carecía de competencias’. Es decir, en tan temprana fecha ya escurría el bulto y, para ella, el soterramiento era un asunto entre particulares; y, con ello, se negaba, no solo a dirigir y estar presente en esas conversaciones, sino que hacía una triste dejación de sus funciones. Y esa omisión es su mayor pecado, porque Navalmoral necesita de quien ostenta el bastón de mando, que la cuide y defienda; y más cuando tenía todo el apoyo de los grupos políticos y de los colectivos sociales.

La alcaldesa decidió defender y cuidar a su partido. De tibieza es calificada su actuación tras comprobar que las Mesas de Trabajo -a las que no asistió- han sido una sordina para acallar el deseo mayoritario de los moralos: soterrar las vías. Y si a ellas no asistía, tampoco se ha preocupado en ejecutar los diez acuerdos alcanzados el 25 de septiembre para conseguir este objetivo, entre los que se encuentran, pedir sendas reuniones con el ministro y las presidencias de la Junta de Extremadura, la Diputación cacereña y ADIF, a las que asistieran todos los Grupos políticos; pedir un estudio a la Universidad extremeña para que valorase los beneficios del soterramiento; o realizar un potente plan de medios para que el problema se visualizara, no solo en Navalmoral, sino en los órganos de decisión que se encuentran en Mérida y Madrid.

Nada se hizo, ni se intentó. Y, pese a ese atronador silencio en defensa de Extremadura, de Cáceres, de Navalmoral, los cinco diputados socialistas extremeños sí votaron a favor de la inversión en el tren catalán con más de 6.346 millones de euros; y ninguno de esos levantó la voz para defender el soterramiento, ni el tren extremeño. Por el contrario, uno de ellos, se dedicó a decir que si pedíamos el soterramiento, nos quitarían la estación, algo que la alcaldesa propagó por el pueblo; y, al ser preguntada en el Pleno sobre el particular, confesó que era verdad, pero que lo decía como un simple ‘chascarrillo’.

En fin, estamos ante un problema político y se llama PSOE, y ante el PSOE la alcaldesa no se atreve a levantar la voz porque le va el sillón en ello.

El autor es portavoz del Grupo Municipal Popular en el Ayuntamiento de Navalmoral de la Mata.


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