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La flora intestinal es una sorprendente muestra de simbiosis trans-reino cooperando las bacterias intestinales con sus huéspedes animales para regular el desarrollo y la función de los sistemas inmunológico, metabólico y nervioso a través de una comunicación bidireccional dinámica a lo largo del “eje intestino-cerebro”.

Estos procesos pueden afectar a la salud humana, ya que ciertos comportamientos humanos parecen correlacionarse con la composición de las bacterias intestinales y las alteraciones en las comunidades microbianas con varios trastornos neurológicos.

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Las interacciones el cuerpo-microbiota son fundamentales para el desarrollo del sistema inmunológico. Los cambios drásticos en los entornos y estilos de vida modernos han llevado a un desequilibrio de este proceso evolutivamente antiguo, coincidiendo con un fuerte aumento de las enfermedades inmunomediadas como los trastornos autoinmunitarios, alérgicos e inflamatorios crónicos.

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Factores como los antibióticos, la dieta, la actividad física, el estado de ánimo, el contacto con el ambiente y las relaciones sociales, entre otros, van a condicionar la composición y el estado de la microbiota y del sistema inmunitario de cada sujeto. De hecho, todo lo que produce la microbiota llega a las células inmunitarias, nerviosas y endocrinas del intestino. Estas células modificarán su producción de citoquinas, neurotransmisores y hormonas, y en ese diálogo todas las células del organismo se verán influenciadas, incluido nuestro cerebro, para mal en caso de deficiencias de esas colonias bacterianas que nos habitan.

Estos microorganismos del intestino son capaces de producir toda una serie de hormonas y neurotransmisores que inciden en las células inmunitarias. Influyendo en el control oxidativo e inflamatorio de nuestro cuerpo, dos de los factores que nos van envejeciendo poco a poco. De hecho, se sabe que los microorganismos de la microbiota tienen propiedades antioxidantes y antiinflamatorias, gracias a los mediadores que producen y al aumento que generan de ese tipo de compuestos en otras células del resto, por tanto, nos pueden alargar la vida o acortarla.          
Las variaciones y cambios en la composición de la microbiota intestinal influyen en la fisiología normal y contribuyen a enfermedades que van desde la inflamación hasta la obesidad. La microbiota intestinal se comunica con el cerebro a través de vías neurales, endocrinas e inmunes, y e influye en la función y el comportamiento del mismo. Y en la regulación de la ansiedad, el estado de ánimo, la cognición y el dolor.

La microbiota intestinal media en varios procesos fisiológicos y patológicos, incluida la absorción local de nutrientes y el metabolismo de los lípidos, así como la activación de los sistemas inmunológico asociado al intestino. También se ha demostrado que la disbiosis o el agotamiento de bacterias comensales, algo que ocurre con la alimentación inadecuada, con la vida sedentaria y a medida que se van cumpliendo años, afecta la excitabilidad y el código neuroquímico y puede manifestarse  en trastornos conductuales o cognitivos. Afecta la fisiología de todos los tejidos.

Los probióticos y prebióticos pueden ser efectivos, mejorando la microbiota, aliviando síntomas de enfermedades frecuentes en la vejez, pero también mostrando una capacidad preventiva, manteniendo la salud y proporcionando un aumento de la calidad de vida y una longevidad saludable.

Los probióticos pueden ser una ayuda importante en el tratamiento de toda una serie de patologías, especialmente disminuyendo la respuesta inflamatoria en la mucosa intestinal y la inmunosenescencia y el deterioro neurológico asociados a la misma. Mejorías del estado inmunológico después de la ingestión de ciertas cepas de bifidobacterias y lactobacilos. Estas bacterias están en los productos lácteos, y de ningún modo en la tontería de confundirlos con las malísimamente llamadas leches vegetales, que deberíamos molestarnos en leer bien el contenido de semejantes aguachirles.

También algunos probióticos han resultado efectivos mejorando el sueño, la memoria, la percepción del dolor y ciertas funciones cognitivas que se deterioran al envejecer. Estos efectos se deben a la capacidad de tales probióticos para mejorar el funcionamiento de los sistemas homeostáticos, inmunitario, endocrino y nervioso.

Un prebiótico: la avena. Regula los niveles de azúcar en sangreDe esta forma, un desayuno compuesto por avena natural, sin nada añadido (carbohidratos “buenos) puede ayudar a reducir los niveles de glucosa en sangre a lo largo del día. Por la cantidad de fibra que contiene, nos permitirá “dar de comer” a nuestras bacterias intestinales.

La fibra para ellas, está presente en otros alimentos como las manzanas, las legumbres y el resto de las frutas, verduras y frutos secos.

En cuarto lugar, la avena es rica en proteínas y por eso, resulta muy importante para fortalecer y cuidar los huesos, los músculos y la piel.

Desde un punto de vista cardiológico, la dieta y el estilo de vida son fundamentales para una buena salud cardiovascular y adquieren cada vez mayor importancia. “Las bacterias intestinales son capaces de producir sustancias que regulan el equilibrio cardiovascular, por lo que una dieta cardiosaludable asegura una buena microbiota intestinal”, señala Julián Pérez Villacastín,  director del Instituto Cardiovascular del Hospital Clínico de Madrid. La alteración de la microbiota intestinal se asocia al desarrollo de insuficiencia cardiaca.

“Ahora, se ha podido confirmar que los cambios intestinales son anteriores al desarrollo de las manifestaciones cardíacas, lo que implica que los cambios en la microbiota intestinal pueden ser causa de insuficiencia cardiaca”.


Fuente: Proa Comunicación


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