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Hacia una ecología de la atención

Hay mundos que no tienen explicación porque no llegan a serlo. Y cuando aparecen es para causar daño e infamia. El coronavirus precisamente se ha presentado de improviso y nos ha abierto una ventana lo más transparente posible y todavía abierta a lo que nos queda por ver. Una pandemia que nos está mostrando el pulso social y político adquirido tanto a nivel mundial como regional y local. Incluso ya podemos realizar un mapeo mundial de la infamia que tanto le hubiera gustado a Borges imaginar.

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Hubo una primera reacción cuando el virus llegó a Europa al regodearse con el continente africano, el segundo mas poblado del mundo. No solo se auguraban los peores resultados, “la catástrofe y el desastre serán enormes”, sino que se llegó a proponer que los propios africanos se convirtieran en cobayas humanos para probar algún remedio farmacéutico. Muy rápidamente respondieron las voces indignadas de muchas mujeres y hombre africanos, como la de Rosa, africana residente en Europa, con un “Si vais a África”. (En youtube).

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¿Contra quién occidente quería establecer la guerra en un momento de desbarajuste del sistema sanitario occidental?

Cuando llegó la pandemia al presidente  de EEUU, y mientras proponía inyectarse desinfectante, un clérigo pakistaní lo dejo claro: “Los culpables son los hijos de la nación”; las chicas que bailan con faldas cortas que de manera obscena muestran la desnudez acarreando el castigo al mundo entero.

Las diversas religiones celestiales del mundo también reaccionaron poniendo a prueba sus poderes milagrosos y adivinatorios. Auguraban el castigo eterno a todo aquel que no se abstuviera, poniendo a prueba la fe (y los mitos asociados) a fin de parar el virus maligno y apuntando a la ciencia (la razón) como incapaz de reconocer que no lo tenía todo bajo control.

Israel dio el primer ejemplo monoteísta de comportamiento y teología profunda durante los primeros momentos de la pandemia. Los evangelistas pronto vieron también como aprovechar la ocasión para convertir en forma de ayuda humanitaria lo que los Estados no llegaban a ofrecer sobre todo en las comunidades indígenas de Sudamérica.

Algún teólogo incluso comparo la pandemia con “la plaga que devastó Roma en el siglo III” y de cómo en esa situación la comunidad cristiana de la época se transformó en un “batallón de enfermeros”.

Desde luego lo entendieron mejor los monjes de Tailandia los cuales encerrados en los templos seguían ofreciendo estudios de formación religiosa, a fin de expiar los malos karmas. Es lo que tiene estudiar un mundo dividido entre el bien y el mal.

En cuanto a los gobiernos diversos cada uno derivó como pudo y se retrató más allá de su legitimidad representativa: comprobar el mundo de los países autoritarios, autócratas, dictatoriales, liberales, totalitarios, nacionalistas blandos, opacos o duros, que ya habían leído “el libro del Apocalipsis” e intentaron aplicarlo castigando.

Se llegó a prohibir usar la palabra coronavirus en Turkmenistan y a multar a las personas que usaran mascarilla, pero también Uganda intento acallar la música como mejor medio para llegar a la población más fácilmente.

China amenazó las importaciones de carne y vino de Australia cuando esta pidió una colaboración más estrecha e informada. Ni la creación de la agencia de inteligencia “cinco ojos (Five Eyes; EEUU, Gran Bretaña, Canadá, Nueva Zelanda y Australia) consiguió penetrar en la realidad china.

También en Europa, Hungría se permitió el lujo de frenar la Constitución para vencer al “enemigo” que no es otro que cualquiera que divulgara “hechos falsos”. ¿Cómo reconocerlos? Pues de la misma manera que Rusia o Egipto propusieron; tropas militares con trajes protectores amarillos y armados con desinfectantes por las calles.  El presidente ruso incluso envió aviones humanitarios, con militares a bordo, a Italia con el mensaje “Desde Rusia con amor”. La eficacia publicitaria de Rusia ya es legendaria.

Irán, Emiratos Árabes Unidos y Yemen prohibieron la venta de periódicos en papel para “impedir la propagación del virus”. En Argelia arrestaron , encarcelando y condenando a cuantos manifestantes reconocían fotográficamente antes de la pandemia. Las plazas se vaciaron en Irak, Chile y HongKong.

Desde luego la salvación del mundo vendrá de Corea del Norte, oficialmente sin ningún caso covid-19, pero que dictaminó “disparar a matar” como medida de prevención contra el virus. En su querido aislamiento sigue produciendo armamento sofisticado y nuclear. Aunque no es el único.

El rey de Tailandia se cuidó a si mismo reservándose, junto con su harén, todo un hotel en el sur de Alemania. Quizá nos recuerde otros alejamientos de lujo mas cercano y otra huida escandalosa, pero no estamos para comparaciones a estas alturas.

Entre tanto disparate no es extraño oir que también la respuesta sanitaria del gobierno español ha sido una dictadura. Tan fácil como la infamia misma, pero esta vez literaria por “quintacolumnista”. Esta vez les recomiendo re-leer “La Historia universal de la Infamia” (1935-54) de J: L. Borges. Pura ficción. Y ahora ríanse de las noticias falsas.


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