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Más de media entrada en Moraleja para ver la novillada con ganado de Partido de Resina, que estuvo bien presentado, pero algo flojo de fuerzas. La suerte de varas les quitó fuerzas para la lidia a pesar de que se trataba de novillos muy corpulentos.

Juan Antonio Siro tuvo en el primero de su lote a un novillo que flaqueó tras recibir el primer puyazo. Pese a todo le sacó faena porque fue lo suficientemente hábil como para darse cuenta de que era necesario pedir el cambio de tercio antes de que las banderillas le debilitaran aún más. Mató mal de varios intentos. Aplausos.

En el segundo de su lote quiso conquistar al público recibiendo al novillo de rodillas. Era un novillo cárdeno, grande, marcado con el número 26 y bizco de pitones que estuvo muy bien picado. Dio muestras de un toreo ágil y dinámico y se convirtió en el único capaz de imprimir ritmo a una tarde soporífera. Mató de una estocada atravesada y otra algo desprendida que, pese a todo, le hizo caer fulminante y que por sí sola mereció una de las dos orejas que se llevó.

El Partido de Resina que le tocó a Félix de Castro, de Valladolid, como primero de lote, se vino abajo tras recibir tres puyazos y 2 pares de banderillas. Trató de agilizar su faena al comprobar que el toro daba poco de sí y no hizo las cosas bien. Mató de un pinchazo y una desprendida. Aplausos.

En el segundo de su lote, Rosalero, marcado con el número 15, protagonizó un toreo tranquilo que no conectó con el tendido. Una estocada mal puesta y otra entera acabaron con el toro. Hubo petición de oreja y aplausos.

El portugués Daniel Nunes, Portugal tuvo en el tercero de la tarde al peor toro de todos, Vigoroso, marcado con el número 29. Salió con una gran fuerza y recibió un solo puyazo. El novillero presentó bien el novillo al caballo pero no le cogió el hilo. Finalmente, el toro con más apariencia de fortaleza fue el peor. Mató de varios intentos a su enemigo, que murió sin llegar a abrir la boca. Recibió dos avisos. Silencio para el torero y pitos para el toro en el arrastre.

El segundo, de nombre Lagunero, fue duramente castigado en la pica, pero Nunes tampoco hizo nada por agradar. Estuvo soso, falto de imaginación y perdió mucho tiempo en intentar colocar al novillo en el centro del albero. Sin embargo mató de una buena estocada que le permitió irse a casa con una oreja y dar la vuelta al ruedo.