•  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

La penúltima de abono de las fiestas de San Buenaventura en Moraleja no fue precisamente lo mejor que se ha visto durante estos días. Es cierto que los rejoneadores tuvieron limitada su labor por las características de una plaza de reducida dimensiones, pero también lo es que hicieron poco por agradar a un público que, con su presencia, puso la plaza hasta casi los tres cuartos de entrada. Por si fuera poco, el ganado de Antonio Román tampoco acompañó; fue muy desigual y embistió poco.

Sergio Vegas, que regresaba a Moraleja tras su triunfo del pasado año, se enfrentó en su primero a un novillo castaño al que no acertó con los rejones de castigo por dos veces consecutivas. El toro, de nombre Lunero, no le ayudó en su faena, por lo que la mayoría de las banderillas, tanto las largas como las cortas, se quedaron en el intento ante un novillo parado. El rejón de muerte, algo descolocado, resultó mortal y le permitió conseguir una oreja.

El segundo de su lote, más grande que el anterior, fue mejor, pero Vegas no le sacó partido. Le puso el rejón de castigo trasero y las banderillas largas mal colocadas. Las banderillas cortas fueron lo mejor de su faena, que ni siquiera tuvo un buen estoque. El público, ampliamente dividido, le ofreció pitos, aplausos y silencio.

El joven  Joao Ribeiro puso empeño, pero el ganado frenó sus deseos de conquistar al público. En el primero de su lote, un pequeño novillo de nombre Desbordado, fue imposible torear. El astado, despistado y huidizo, se escurría por las tablas y no atendía al caballo y sólo enseñó sus mañas bravas cuando un subalterno le enseñó el capote. Puso bien Ribeiro sus rejones de castigo, aunque con dificultades. Jugó con quiebros y piruetas para las banderillas largas y cortas y puso un rejón de muerte que se le enganchó. El público le otorgó una oreja.

En su segundo, de mayores proporciones, hizo más de lo mismo. Puso las banderillas al quiebro y se permitió agradar al respetable con un par de largas a dos manos que le colmaron de aplausos. También buscó el agradecimiento del público con un par de banderillas cortas puestas a una mano, aunque no lo logró. Aunque falló con el rejón de muerte, el público pidió una oreja que le fue concedida por la presidencia.