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Extremadura encierra en sus tierras de dehesa numerosas ganaderías de reses de lidia. Desde el nacimiento de los becerros en el campo y hasta su muerte en la plaza de toros, se sigue un ritual que apenas ha evolucionado con los tiempos. Radio Interior ha asistido al herrado de 22 becerros en la Finca "La Ponderosa", de Casas de Don Gómez, propiedad del ganadero de Moraleja, Enrique Serrano.

Cae el último día del mes de enero y toca arrancar una hoja del calendario y prepararse para herrar ganado en "La Ponderosa". Enrique Serrano, su familia y sus amigos madrugan este frío sábado para tener todo listo para la fiesta, porque detrás del esfuerzo, y al término de la jornada de trabajo, se reserva un hueco para la diversión.

"Son animales pequeños pero que podrán verse en las plazas y en las capeas de los pueblos dentro de dos o tres años", dice el ganadero.

En la finca, siguiendo de cerca el trabajo, se encuentran en calidad de invitados miembros de las comisiones de festejos de municipios como Casas de Don Gómez, Moraleja, Coria, Casillas de Coria, Villasbuenas de Gata, Cilleros, Hoyos o Perales del Puerto, que confían cada año las organización de los espectáculos taurinos de sus fiestas a este hierro, que está inscrito en la Agrupación Española de Ganaderos de Reses Bravas que fundó en 1983 Ángel Gómez Cañitas.

Los servicios veterinarios de la agrupación disponen de un listado de las reses que se van a herrar en el que se indican, entre otros detalles, su fecha de nacimiento. El equipo veterinario quita los crotales a los machos, pero no a las hembras, que si demuestran su casta en las tientas que organice el ganadero, podrán reservarse como madres para la cría en lugar de destinarse a la lidia.

El personal de la ganadería permanece fiel a la tradición de la hoguera que, además de proteger de la fría mañana de invierno, permite poner los hierros candentes, aunque para esta ocasión se utiliza una fragua portátil en la que los distintivos alcanzarán su temperatura con mucha más facilidad.

El personal de la ganadería, sus ayudantes y amigos colaboran en la tarea para marcar a cada una de las reses con los cuatro hierros que las identificarán de por vida: el de la asociación a la que pertenece, el de la ganadería, el guarismo que determina el año de nacimiento y el numérico por el que se reconoce al animal.

Como manda la tradición, se marca a los becerros más pequeños tirándolos en el suelo con la ayuda de varios hombres; con el fin de evitar lesiones a los participantes, los de mayor tamaño pasan por el cajón de herrar que le ha cedido la ganadería de Zalduendo, de Domecq, a quien Enrique Serrano adquiere ganado. Una vez herrados, los becerros pasan a un corral en el que permanecen agrupados y pendientes de cada movimiento que realizan los hombres de la ganadería.

Es la hora de reponer fuerzas con la ayuda de unas alubias caseras cocidas al fuego, quesos, fiambres, vino de pitarra de la Sierra de Gata y otros manjares. Se abre una ventana al cante, a los saludos, al resumen de la jornada y al chismorreo de lo anecdótico. Para rematar el día, ya por la tarde, se celebra una becerrada en la que participan alumnos de la Escuela Taurina de Badajoz que quieren practicar con reses que no están herradas. Llegan de Villanueva de la Serena, Entrerríos y Badajoz y quieren ser figuras del toreo, un sueño de muchos que sólo unos pocos logran acariciar.