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La Policía Nacional, con apoyo de agentes llegados de Cáceres, lleva ya siete días controlando día y noche el acceso a San Lázaro, punto habitual de venta de droga, con lo que son habituales los corrillos de toxicómanos a ambos lados del puente. "Da pena verlos como zombis, pero aplaudimos la medida policial para importunar a los traficantes, que ahora vemos cuánto mueven porque vienen de todos los pueblos a pillar". Es la valoración de Pilar Simón, la presidenta de la asociación de vecinos Río Jerte, quien como el presidente de San Miguel, Jaime Collado, piden continuidad.

"La presencia policial se necesitaba –indicó Collado– y aunque nos dé pena de los drogodependientes, eso será competencia de servicios sociales". Según los vecinos de uno y otro lado de San Lázaro, solo campo a través se pueden colar yonquis a por la dosis porque todo vehículo que entra y sale es registrado por los policías. La Subdelegación del Gobierno ha preferido no hacer declaraciones con el argumento de que son operaciones abiertas, pero según ha podido saber el Periódico, se están aprehendiendo cantidades pequeñas. "Los policías nos han dicho –según vecinos– que se trata de importunar a los traficantes".