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La Asociación para la Prevención, Orientación y Ayuda al Toxicómano de Villanueva (Apoyat) ha abierto el primer centro residencial para mujeres de Extremadura. Lo llaman Portadaex, es decir, para las que tienen problemas de drogodependencias, gestantes y con hijos a su cargo. Su puesta en marcha es fruto de la evolución que ha experimentado el centro de tratamiento breve que la asociación tenía en la calle Santa Teresa desde 1993, y surge para dar una respuesta a nuevas necesidades, pero desde una perspectiva de género.

En el mismo residen, desde marzo del 2008, ocho mujeres, aunque la intención es disponer de un lugar que de cobijo a 20 y a sus hijos. Desde el centro se pretenden abordar las tres fases por las cuales pase toda persona que quiere dejar las drogas: Desintoxicación, rehabilitación y reinserción social. Por este motivo, su presidenta, Leonor Cascos, solicitó ayuda al Instituto de la Mujer y a la secretaría general de Drogodependencia de la Junta de Extremadura, aprovechando la presencia de sus responsables en la localidad con motivo del homenaje tributado el pasado mes a las madres fundadoras de esta asociación.

Su apertura es una iniciativa pionera en la región que da respuesta a un segmento de la población con problemas de toxicomanías y dificultades para acceder a los recursos asistenciales. Paqui Hidalgo, coordinadora de Apoyat, explicó que en el 2007 solo un 13% de féminas accedieron a tratamientos. Ante esta situación, han decidido dar un giro al diseño de su programa porque –recalca– "el modelo de intervención actual es eminentemente masculino".

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A su juicio, existe una doble estigmatización social para ellas: por el hecho de ser mujer y por ser drogodependientes. A estos se suman los derivados de los prejuicios que se dan entre ellas y el miedo que tienen a perder la custodia de sus hijos por acceder a recursos asistenciales.

Además, el centro dista mucho de ser una comunidad terapéutica, sino que es algo más versátil y abierto, principalmente por su característica más destacada: Es uno de los pocos centros urbanos que existen. "Antes era habitual que estuvieran fuera de la ciudad o en el campo, pero nosotros pretendemos que se integren en el pueblo", señaló Hidalgo. De hecho, además de las ocho residentes, hay otras que realizan actividades en el centro o en la ciudad pero luego duermen en sus domicilios o pisos de reinserción. Precisamente éste es el siguiente paso que Apoyat quiere dar: crear recursos de inserción, desde pisos donde desarrollar programas residenciales, abrir bolsas de trabajo y facilitar formación empresarial.

Apoyat pone a su disposición nueves trabajadores, una coordinadora, un psicólogo, una trabajadora social, un administrativo, una cocinera y tres monitores.


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