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Como es tradición, el obispo de la Diócesis de Coria-Cáceres, Francisco Cerro Chaves, ofició ayer la primera misa del año en la concatedral de Santa María. Y lo hizo resaltando las dos fiestas que conmemora la Iglesia católica el primer día del año: la festividad de María como Madre de Dios y la Jornada Mundial de la Paz, instituida por el papa Pablo VI.

Ante un templo prácticamente lleno, Cerro se centró en su homilía en el significado de la paz para los cristianos. En opinión del prelado cacereño, la paz no puede ser algo resultado exclusivamente de la diplomacia humana, "porque duraría poco al ser los aspectos humanos tan cambiantes". Para el obispo de Coria-Cáceres, la paz tiene una triple vertiente. "Es en primer lugar Jesús", manifestó Cerro, "que es quien nos da la paz, pero una paz que no actúa como un narcótico, sino como algo que te lleva a entregar la vida, a luchar por la justicia, a buscar la verdad y a defender la vida".

En segundo lugar, el obispo explicó que la paz "es compartir y ponerse en lugar del hermano". En este aspecto, el prelado rescató la idea del papa Pío XII de que "con las guerras pierden todos, pero con la paz no se pierde nada", y señaló que más importante que tener la razón en una situación de conflicto es "tener el amor", ya que "solamente con tener la razón no se construye nada".

Por último, el máximo responsable de la diócesis explicó que la paz también es fruto de la conversión, del cambio de nuestro corazón. "Debemos pedir esa paz", dijo, y reiteró la idea ya enunciada al comienzo de la celebración de "año nuevo, corazón nuevo". Cerro concluyó su homilía animando a los fieles a renovar la fe reiterando las promesas bautismales y se despidió deseando "una feliz entrada de año y que sigamos construyendo entre todos la paz".

Concluida la celebración de la eucaristía, el obispo sostuvo la imagen del Niño Jesús en brazos para que los fieles que lo desearan pudieran pasar a besarlo.


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