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La Ribera del Marco volvió ayer a estar en Cáceres. Nunca se había ido, aunque la ciudad parecía haberse olvidado de la zona que vio nacer y alimentó al Cáceres de ayer, y que ahora espera el momento de recuperar su esplendor. La jornada, impulsada por los colectivos vecinales de la Ribera, pretendía reivindicar la riqueza histórica y natural de la zona, pero fue ante todo una fiesta con el Marco como anfitrión y protagonista.

"Lo importante es que mucha gente de Cáceres se ha acercado por primera vez a la Ribera del Marco", destacaba al término de las actividades Ricardo Antón, integrante de la organización. Más de 1.000 personas, según sus estimaciones participaron en todas las actividades que se han desarrollado desde las 11.30 horas, cuando se inició un pasacalles en el Paseo de Cánovas.

Los timbales que encabezaban el desfile caldearon el ambiente de una mañana gélida que en ese momento no lograba levantar el termómetro a más de un grado. Les seguían una pareja de gigantes cabezudos y una veintena de personas daban vida al río cacereño conformando un 'gusano azul'.

Aunque la climatología fue benévola con la fiesta popular, la lluvia de las jornadas previas obligó a realizar algunos retoques en el programa. Algunos de los juegos previstos, como las tirolinas, no pudieron llevarse a cabo por el mal estado del terreno en Fuente Fría, donde estaba prevista su instalación, y hubo poner una carpa ante la amenaza de lluvia no se cumplió.

Entre las propuestas con mayor participación estuvieron los dos paseos por la Ribera, uno real y otro virtual, que se llevaron a cabo por la mañana. El segundo fue secundado por medio centenar de personas que a través de los relatos del cuentacuento Patxidifuso, descubrieron algunas curiosidades que encierra la historia de las huertas del Marco. Por su parte la caminata por la Ribera derivó en un paseo por su historia de la mano de las explicaciones del arquitecto y coautor del libro La cacereña Ribera del Marco, Agustín Flores. Cerca de un centenar de personas se sumaron a esta propuesta y se esforzaron por seguir la voz del experto.

El paseo, que duró más de una hora, partió de Fuente Fría –única de las cuatro fuentes del Marco de la que aún se coge agua–, recorrió el alto del mismo nombre hasta San Marquino, Fuente Concejo y Mira al Río. En el transcurso, vieron los restos de un molino de harina (junto a la zona deportiva de Fuente Fría) cuya producción "podía alimentar a toda la población de Cáceres", en palabras de Flores, que también se refirió a las especies que había en torno al río años atrás, cuando, "antes de que hubiera pantanos" se pescaba en él. "Podrían volver si se cuidara la zona", afirmó.

En sus explicaciones hubo también concienciación: "Para salvar la Ribera necesitamos que toda la gente se implique. Que no tiren en Fuente Fría las botellas que se les rompen al coger agua. Que no se siga construyendo en ella", señaló.

Una comida popular con los productos de las huertas del Marco, varias actuaciones musicales y las enseñanzas del hortelano Luis Luengo, cerraron una jornada en la que Cáceres miró a su río.