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La asistenta del matrimonio asesinado el pasado 21 de octubre en un chalet de Montesol, hoy en prisión por su presunta relación con el crimen, reconoció que cuando fueron asesinados Juan Antonio Torrecilla y Mercedes García, ella se encontraba en la casa, según una de las declaraciones de la imputada incluida en el sumario del caso.

Supuestamente, la mujer, Ángela A. da C., estaba buscando una caja de herramientas en el garaje que le había pedido su patrón cuando oyó una discusión en la planta de arriba entre el fallecido y su chófer, Rafael S. G., también en prisión por este caso, y cuando la pelea terminó, subió al salón y se encontró ya con los cadáveres en el salón, subió al piso de arriba a lavarse las manos y la cara, cogió 270 euros que había sobre una mesa de esa habitación y se marchó de la vivienda sin avisar ni a la policía ni a nadie de lo ocurrido.

En su testimonio inculpó directamente al chófer y hombre de confianza de la pareja, el Rafa, como presunto autor material del crimen y ella, inicialmente, aparecía como encubridora al no poner en conocimiento de la policía lo sucedido. Sin embargo, el propio fiscal del caso no da demasiado crédito a esta versión de los hechos que relata la asistenta, a tenor de la petición de excarcelación del chófer y no de ella, precisamente. Rafael S. G. ha mantenido en todo momento, según las declaraciones que obran en el sumario, su inocencia.

El fiscal argumenta en su petición de puesta en libertad del imputado, formulada el pasado 20 de noviembre al Juzgado de Instrucción número 3 que instruye el caso, que existen "dudas sobre la participación" de este en los hechos.

Dice textualmente el fiscal: "El citado imputado –en referencia a Rafael S. G.– lleva casi un mes ya en prisión provisional, sin que del resultado de lo actuado hasta este momento hayan aparecido datos que respalden las manifestaciones de la otra imputada en cuanto a la participación en los hechos de Rafael S. G.". Por ello, considera que la versión de la asistenta de cómo supuestamente ocurrieron los hechos "debe ser analizada con suma cautela".

De hecho, en las pesquisas policiales, habría más pruebas físicas incriminatorias contra la asistenta brasileña que contra el chófer. Las principales: algunas prendas de vestir de la imputada halladas en su domicilio de la calle Lezcano (Pinilla) con rastros presumiblemente de sangre e intervenidas durante el primer registro. Entre estas prendas, se encuentra un polo amarillo y un par de calcetines rosas y blancos, con dibujos azules, que se hallaron en la lavadora.

Los agentes de la policía científica que participaron en aquel registro realizaron in situ la prueba de la bencidina, que permite descubrir sangre oculta, dando supuestamente resultado positivo ya que las prendas son incautadas, según el acta de dicho registro incluida en el sumario del caso.

Los calcetines son una pieza importante porque en el atestado policial que hace referencia a la inspección ocular del escenario del crimen, figura como prueba unas huellas en sangre de un pie pequeño descalzo que subía desde el salón comedor hasta el piso superior y que posteriormente se limpiaron. "Esas pisadas –reflexiona la policía en su informe– revelan que su autor estaba durante o después de la agresión". Esto concuerda con la versión que daría después la propia asistenta. Ella testificaría después que, tras la supuesta discusión