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No es lo mismo acceder con un camión de bomberos a Cánovas que a la Cuesta de la Compañía, estrecha y llena de escalones; ni sofocar el fuego en un piso de Hernán Cortés que en un palacio de cinco siglos; ni extinguir las llamas de un museo, de una iglesia o de un archivo histórico. Por ello, el ayuntamiento y el Consorcio del Sepei ya han sentado las bases de un proyecto con varios frentes para prevenir los incendios en el casco histórico o sofocarlos con rapidez (hay muchas calles donde ni siquiera acceden los camiones). Las actuaciones son diversas: instalación de 21 hidrantes (solo hay tres y no se cumplen las condiciones mínimas), formación específica de los bomberos para intervenir en la zona y en los inmuebles históricos, mejora de los recursos disponibles, y un acercamiento a los dueños de estos recintos para que la prevención comience por ellos.

"Cuando se quemó el obispado de Tenerife, todos fuimos conscientes de que son edificios irrecuperables, había que evitarlo. Las Ciudades Patrimonio comenzaron a trabajar en la seguridad de los cascos históricos y desde el 2006 formamos parte de un grupo contraincendios", explica Damián Ramos, jefe de prevención del Sepei. En este contexto nació el nuevo proyecto que se aplica en la Ciudad Monumental, donde ya se han instalado tres nuevos hidrantes: Cuesta del Marqués, Rincón de la Monja y barrio de San Antonio.

 

Estas bocas, conectadas a la red de abastecimiento, garantizan a los bomberos un caudal continuo frente a la capacidad limitada de los camiones, especialmente en una zona de calles estrechas donde las maniobras de los vehículos resultan complicadas (las autobombas ligeras llevan 1.200 litros, las pesadas 4.000 y las nodrizas 8.000, pero por ejemplo éstas no caben por alguna zona de los adarves). Además, hay calles inaccesibles que obligarían a extender las mangueras (hasta 400 metros máximo), y donde los hidrantes serán más que oportunos.

De hecho, el informe del Sepei considera insuficiente la red existente hasta ahora (tres bocas en Veletas, Ancha y Socorro). Por ello las ampliará en tres fases. La primera ya se ha ultimado con los hidrantes mencionados. "El problema es que tenemos canalizaciones antiguas que no los soportan, por eso se irán colocando a medida que vayamos levantando las calles para renovarlas", explica el concejal de Obras, Miguel López. Así, la segunda fase se ejecutará el próximo año e instalará otros nueve hidrantes en Puerta de Mérida, Padre Rosalío, Arco del Postigo, Condes, Caldereros, Arco de la Estrella, Tiendas, Obras Pías y Amargura.

Ya en una tercera fase, "y a medio plazo", se ubicarán nueve más: Conde de Canilleros, Aldana, Compañía, dos en Santa María (Mayoralgo y Golfines) y cuatro extramuros: tres en la plaza Mayor y uno en Gran Vía.

"La parte antigua es la joya de corona, pero en caso de catástrofe puede convertirse en una ratonera por su orografía, de ahí nuestro interés en el proyecto", explica Miguel López. "El estudio de las calles, sus riesgos y las medidas preventivas lo han realizado los propios bomberos", subraya el edil de Seguridad y responsable del Sepei, Carlos Jurado.

Además, estos profesionales realizarán en noviembre un curso organizado por las Ciudades Patrimonio sobre intervención en recintos históricos. Paralelamente, el Sepei se plantea digitalizar los recorridos directos a cada punto, "de modo que los puedan ir visualizando en el camión con ordenador o PDA", señala el jefe de prevención. Incluiría fichas de edificios singulares (cómo entrar, cómo moverse…).

Finalmente se intentará implicar a los dueños de palacios y similares. "Deben tener al día sus instalaciones contraincendios (por ejemplo los sistemas de detección), conservar el edificio en condiciones de habitabilidad y cuidar la instalación eléctrica", precisa Damián Ramos.