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De las cuatro fosas comunes localizadas en las tapias del cementerio, se excavará una, la que más indicios tiene de acoger restos humanos completos. Las fosas, que ocupan una extensión de 330 metros cuadrados, podrían albergar a fusilados durante la Guerra Civil y la represión posterior.

Esta será la misión, hasta el 30 de julio, de los 23 jóvenes del campo de trabajo Recuperación de la Memoria Histórica de Mérida, dentro de la Campaña de Verano 2008 de la Consejería de los Jóvenes, que empezaron ayer los trabajos de excavación bajo la supervisión del director del campo, Angel Olmedo, y la arqueóloga Laura Muñoz.

Las fosas han sido numeradas del uno al cuatro y a la número tres se le ha dado prioridad. Su dimensión es de 7 x 2,8 metros y está casi paralela al muro del cementerio. A diferencia de las tres restantes, se han recuperado restos completos aunque removidos en superficie. La aparición de un pie con sus partes óseas en conexión anatómica y un fragmento de suela, hace pensar a los investigadores que pueda haber cadáveres enteros, sin poder determinar el número

La fosa número uno mide 3,4 x 1,9 metros; la dos, 4,5 x 3,9 metros y la cuatro, 3,6 x 3,2 metros. En ellas se han encontrado restos humanos quemados y muy fragmentados en superficie. También se han hallado objetos metálicos, como casquillos, proyectiles o hebillas de cinturón. Estas se excavarán si les da tiempo a los componentes del campo de trabajo.

Además de desconocerse la profundidad de las fosas, aparecen alteradas, ya que están en una zona que era agrícola.

Las cuatro fosas fueron halladas por un equipo de la Sociedad Aranzadi en el 2006 utilizando un georadar. El informe realizado confirmaba que las fosas comunes eran de la Guerra Civil al aparecer numerosos objetos relacionados con la contienda, como balas y casquillos de la munición reglamentaria del ejército.

Los restos humanos que se encuentren, si están fragmentados, se entregarán sin identificar a personas con desaparecidos en su familia que lo soliciten, que los enterrarán todos juntos en el cementerio. Si los restos están completos, se intentará identificarlos a través del ADN. Para ello, la Asociación Regional para la Recuperación de la Memoria Histórica contratará a un antropólogo y la Universidad de Extremadura aportará un paleontólogo.

En el primer día del campo de trabajo se encontraron un casquillo de bala de pistola y otro de fusil.


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