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Las pruebas de ADN han podido confirmar que los restos del cuerpo desmembrado que se hallaron el mes pasado en el cauce del río Almonte pertenecen al colombiano L. G. M. B., de 48 años, que desapareció unos quince días antes, según confirmó ayer la Delegación del Gobierno, aunque aún se desconoce a los autores y el móvil del presunto asesinato. Fuentes de la investigación apuntan a un posible ajuste de cuentas.

El hombre vivía en España hacía tan solo ocho meses, los dos últimos a caballo entre Madrid y Cáceres donde están afincados algunos familiares que trabajan desde hace algún tiempo en la ciudad, como su hija, un hermano y la expareja sentimental con la que tenía tres hijos en común. Fue su hija quien denunció su desaparición en la comisaría de Cáceres. Supuestamente había viajado a Sevilla, pero no llegó a esta ciudad.

La familia, que procede de Pereira, un pueblo cerca de Medellín, no quiso hacer declaraciones ayer. "Estamos muy afectados por lo ocurrido, está muy reciente", se excusó uno de sus allegados con el que pudo contactar este diario. La familia, que conoció los resultados de la identificación hace algo más de una semana, no se explica este extraño crimen. "Vinimos para mejorar nuestra vida y nos encontramos con esto".

LAS PESQUISAS La investigación sigue en manos de la Guardia Civil y está bajo secreto de sumario del juzgado número 1 de Cáceres. De momento, según la Delegación del Gobierno, son muy pocos los datos que se pueden aportar sobre las actividades y relaciones que la víctima mantenía fuera del entorno familiar. Según fuentes policiales, carecía de antecedentes penales.

Los agentes que llevan a cabo la investigación han podido confirmar que el fallecido trataba de contraer matrimonio de conveniencia para obtener la nacionalidad española, por lo que se cree que intentaba establecerse definitivamente en España. De hecho había iniciado los trámites para legalizar su situación en la comisaría de Cáceres.

Fue un pescador el que encontró los primeros restos el 8 de junio cerca del puente de la N-630, en Garrovillas. Se trataba de un antebrazo. Días después, el equipo subacuático de la Guardia Civil halló el otro antebrazo y parte del tronco. Una semana después se descubrió el cráneo.

A las manos les faltaban varios dedos, una mutilación que dificultaría su identificación. Esto y el descuartizamiento del cadáver es lo que hace suponer a los investigadores de que se trata de un ajuste de cuentas.