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Francisca, conocida como La paquina , es uno de los ejemplos más claros de vitalidad que se han visto hasta ahora en ningún pueblo de España. Sus 83 años recién cumplidos no le son impedimento para que esta vecina de Ceclavín se levante todos los días a las seis y media de la madrugada para acudir a trabajar a la gasolinera en la que presta servicio desde hace más de 20 años. Su devoción por el trabajo, acompañada de su simpatía con el público, le han convertido en la entrañable abuela de las gasolineras.

Cipriano Julio, uno de sus tres hijos, destaca de su madre su agilidad mental. "Tiene una mente muy clara, lleva la contabilidad a la perfección, es un caso atípico", asegura su hijo que trabaja con ella cada día en la estación de servicio. Francisca no quiere ni oír hablar de jubilación y asegura que solo una cosa podrá apartarla del trabajo. "Solo pararé cuando la muerte me jubile", afirma.

Es viuda, tiene tres hijos y vive sola. Su vida transcurre de su casa a la gasolinera y viceversa. "No descanso ni un solo día, ni ni domingos, ni fiestas, trabajo siempre y soy feliz así", afirma.

El secreto para mantenerse tan ágil, "trabajar y trabajar", confiesa. De hecho, durante la entrevista no pierde detalle de la clientela, atiende al teléfono y está pendiente de que no falten reservas. "Ayer pedí un camión de combustible", dice. Su gran dedicación al trabajo será reconocido por el ayuntamiento que, a petición del alcalde, Pedro Martín, le rendirá un homenaje el primer sábado de mayo con motivo del Día del Mayor. "Le daremos una placa en reconocimiento a los servicios prestados, es un caso único, incansable, 12 horas de trabajo y al pie del cañón, es una fuera de serie". Así definió el alcalde de Ceclavín a Francisca.


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