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La Pista Ibiza de Navalmoral ha vuelto a cerrar. Hay 12 filas de bloques que impiden el acceso y dos señales de prohibido el paso a ambos lados de la puerta que dejan claro que dentro sólo hay desperdicios. Ibiza fue el sitio chic de las noches de verano pero la moda y el tiempo la hicieron cerrar.

"No sé cómo los padres consentían que sus hijos estuviesen en un recinto con dos cuartas de basura", relata un vecino de la zona. "Claro, que habría que preguntarse si los padres sabían dónde estaban", añade.

Cuando el pasado lunes el alcalde anunció que suprimía el botellón sabía que estaba adoptando una decisión polémica; por eso telefoneó 20 minutos antes al portavoz socialista, Lino González, como hacen los presidentes de Gobierno con los jefes de la oposición en los grandes asuntos de Estado. Estaba "poniendo el parche antes de la herida", tal y como reconoció a los periodistas, lo que no ha sido obstáculo para que Juventudes Socialistas le haya pedido que reconsidere su actitud para evitar problemas.

"Nos sentimos insultados ante unas declaraciones que demuestran la poca calidad de una persona incapaz de solucionar los problemas de los ciudadanos y actúa de una forma dictatorial", manifestó ayer el apéndice juvenil del PSOE.

Pero la controvertida decisión del alcalde no ha dejado indiferente a nadie, y mucho menos a los vecinos que, además de tener sus negocios en la zona, también residen en ella, que una cosa es beber y otra bien distinta que te orinen en la puerta de casa.

"Esto no era un acto social, sino fomentar el alcoholismo; me alegro por mí, pero especialmente por mis nietas", explica Angustias Marcos desde la puerta del concesionario Hyundai de su propiedad próximo al botellón. "Había muchos coches que no venían al botellón, sino a otro negocio, los ruidos eran insoportables y la Policía Local nos decía que no podía hacer nada", explica.

Adoración Martín aplaude la decisión del alcalde y valora su valentía en el asunto porque también ha soportado durante años algo más que ruidos.

"Nos orinaban en la puerta, dejaban las compresas en el suelo y cada lunes estábamos de limpieza para recoger basura, así es que ya está bien que el ayuntamiento haga algo", dice satisfecha. Y añade: "Carmen Heras -alcaldesa de Cáceres- debería preocuparse por los problemas de su ciudad y dejarnos en paz, y ahora deberían salir las asociaciones de padres opinando sobre el alcoholismo en niños de 13 y 14 años".

Ángela Miguel, concejala del Grupo Independiente por Navalmoral, pidió ayer más diálogo al alcalde y expresó su apoyo a los jóvenes, aunque también les reclamó disciplina.

"No puede dejar a la gente joven tirada en la calle y ellos tienen que ser conscientes de que tienen que mostrar respeto y seriedad", manifestó.

Ignacio Gómez estudia en Cáceres pero pasa numerosos fines de semana en Navalmoral. Está en contra de la medida municipal "porque no hay alternativas, las copas son caras y el dinero no llega". Como otros de su edad dice que si no se soluciona el asunto "habrá que manifestarse", porque esta idea también la ha llevado a casa la hija de Angustias Marcos, que lo ha oído en el colegio.

Antonio Morales es un joven conductor de ambulancia. "Estoy a favor del botellón siempre que no moleste, porque el precio de la bebida es excesivo". Sostiene que "el asunto debería haberse estudiado porque quienes lo prohíben también han bebido en la calle".

El consejero de los Jóvenes y el Deporte, Carlos Javier Rodríguez, destacó el hecho de que sólo Navalmoral haya decidido "eliminar ese espacio de ocio" y recordó que "la Ley de Convivencia y Ocio surgió de un amplio consenso y entre sus objetivos está el de compatibilzar el descanso y el ocio".

"Por supuesto que la Administración regional no está de acuerdo con las conductas incívicas", dijo el consejero, quien no obstante precisó que "el objetivo de la Ley es fomentar ambas cuestiones y no acabar con el botellón". Pero Mateos dice que ha dado "dos oportunidades a los jóvenes y no van a tener más".


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